Venia del cementerio con unas lagrimas secas en mi mejilla, ascendí al colectivo, nada raro había en ello, era un habito común que todos los días hacia. Puse las monedas en la maquina, saque el boleto, tome el vuelto y me dirigí hacia el fondo. Y como dije anteriormente nada raro había en ello, si no fuese porque esta vez estaban esos ojos…
Perplejo quede ante tal muestra de sentimientos, esos ojos estaban cargados de una imagen penosa, de decaimiento, de pesadumbre, de tristeza, de dolor, esos ojos me dejaron asombrado, confundido y mi viaje quedo desafinado de su rutina común.
Llevaba en sus manos, por irónico y ridículo que quede, un oso de peluche blanco, lo aferraba como la niña que en algún momento fue, y que ahora desapareció. De lo poco que recuerdo de la ropa sé que era blanca y con flores de azulado matiz.
Me era extraño, siempre que la veía, ella tenía esa mirada tan susceptible y tan cargada de sentimientos. Sé que sufría, se que algo la lastimaba, tal vez su vida fuese un calvario, una atrición.
No sé si ella siquiera sabrá lo que en mi despertó, igual, convengamos que mucho no me interesa. Era un día soleado y despejado de verano, pero como en esas tormentas de estío, los nubarrones de negra aflicción aparecieron en el horizonte de manera espontanea, y desencadenaron una tempestad de melancolía que atesto aquel colectivo.
Cuando se levanto para descender del vehículo, lo vi en sus ojos, las lagrimas de una vida no deseada, llena de defraudaciones, sufrimientos, trastornos, complejas ataduras, unos ojos oscuros llenos de pena e infelicidad, la angustia era lo que emanaba en forma de aura esos ojos vacios.
Cuando bajamos, (yo vivo en el mismo barrio que ella), el silencio se vio camuflado por el andar de los autos, intento no chocar una vista conmigo, pero no pudo, mis ojos curiosos intentaron sacarle una palabra, en vano.
Sé que su vida es dura, sé que me lleva varios años, que nunca me llamo la atención, y que al fin y al cabo me produce cierto asco, hay algo en ella que siempre me impacto, y son esos ojos tan expresivos que me parten el alma, porque detrás de esa mirada penosa hay una historia, una triste y melancólica vida.
Llego hasta su casa e ingreso sin ver para atrás, cerró esa puerta oxidada con fuerza, y yo me quede pensando mientras giraba por la esquina hacia mi casa.



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