domingo, 2 de noviembre de 2008

Secuencia optica


Cada ciclo programado por mis instintos vacios
Se camufla entre diálogos y morfemas modelos,
Cerillas de microfilm y fotografías polaroid.

Un leve acorde de óxido olvidado
El beat de una maquina casi desierta
Iniciando una transmisión
De Caricias ópticas y lágrimas clandestinas.

En la rutina del cementerio,
Entre el oxido y el moho de la podredumbre,
Una chispa de energía encendió la tormenta.
Unos ojos rompieron el velorio.

Tú Secuencia Óptica
Enciende Mi Sistema Cardiovascular Central.
Esas miradas esquivas activan en mí
Sentimientos y emociones de verdad.

Entre interferencias oníricas, unos latidos,
En el océano de la indiferencia,
Se escucharon.

No hay explicación para tal anhelo
La racionalidad es un error que cometo.
Porque tú eres la racionalidad que deseo
Y Vehemente aprecio.

Tu visión es un error de codificación
Que dé-sistematiza todos mis procesos
Despierta sentimientos
Y que me permite seguir viviendo.

jueves, 10 de julio de 2008

Claustro - Carta


Te escribo desde un rincón oscuro, lejos de la luz; te escribo desde un claustro, lejos de la sociedad; te escribo desde una prisión, lejos de la libertad; te escribo desde mi sufrimiento interior, lejos de vos. Las palabras que aquí se enfatizan no son más que reminiscencias de gritos que aun siguen haciendo eco en las húmedas paredes. Lejos esta aquel espejismo llamado civilización, del cual aun me alimento como un alma en pena dispuesto a abordar el cuerpo de inocentes para seguir deambulando por el mundo que no le corresponde. Pero no son cadenas las que me atan a este calabozo, ni esposas, ni mucho menos barrotes, son esas pequeñas almas dentro de mí que a modo de condena no me dejan marcharme de este oscuro rincón al cual he sido llevado consiente y con mi aprobación. Pero no os asustéis que mi letra, pese a tener sangre en su tinta, no está condenada para siempre a la muerte ciega de luz, sino que, a modo de destello de estrella fugaz, tiene una pequeña rendija, por donde el fresco aire del exterior entra a acompañarme todos los días, también por ella entra la tan preciada luz, que aunque le resulte indiferente, sin importancia o aburrido, me alimenta la mayoría de días con su nutrida ráfaga de destellos, que aunque resulten perdidos, me permiten seguir viviendo. Igual debo de admitir que sin el aire yo no podría vivir, pero sin la luz yo si lo podría hacer, aunque esto signifique una horrible vida vacía y fotofobica a la fuerza. 
La única voz que me reconforta es la del viento que de lejanos parajes me trae para no olvidar jamás que en un tiempo yo también forme parte de ese afuera lleno de felicidad y alegría. En esos momentos es cuando una sonrisa y un calor llenan mi rincón. 
Pero la tormenta que cada tanto, aleatoriamente visita mi prisión, revoluciona con sus flashes de luz repentina a mis almas que al unisonó y en conjunto disfrutan y se aterrorizan de los estruendos y de la fría agua que moja sus pesadas cadenas, derruyéndolas y corroyéndolas a tal punto de romperlas y liberando de este modo la libertad que tanto anhelan y que yo no les permito alcanzar. La tormenta que tanto golpea la pared, lastima, que tiene un nombre raCional.
Parece, que el lugar desde el cual te estoy escribiendo, está por debajo, o muy cerca de las vías de un tren, porque cada determinado tiempo, que aun no he logrado descifrar, pasa, haciendo temblar toda mi cueva, a tal punto de que pareciera de que ciertos trenes la pueden destruir por completo, pero eso no ha sucedido aun. He podido darme cuenta que hay diferentes tipos de trenes, algunos llevan personas en su interior, a modo de pasajeros, otros llevan cargas que pesan mucho, provocando rajaduras en mi claustro, a veces solo pasan locomotoras que con su canto tan característico me engañan haciéndome creer que llevan infinitos vagones, cuando solo recorren su camino solitariamente. Pero, muy rara vez, hay un tren, que desde la pequeña rendija, que a modo de ojos me permite ver lo que en el exterior sucede, no puedo apartar la vista de tan bello tren, con su fachada de plata refleja toda la belleza del mundo al cual no tengo permitido tocar. Este tren, generalmente, solo pasa de noche, y lo que me avisa de su paso es la luz con la que va iluminando su porvenir y que va segregando, a modo de centellas, por todo mi rincón, llenando de luz todos los rincones que en mi celda puedan existir. Lástima que luego de su paso, solo el vacio es mi acompañante.
En la noche, mi única opción de disfrute es ver las estrellas, que en total contraste con mi oscura condena, compartimos la oscuridad de un ambiente. Esos puntos de luz de ilimitada oferta me custodian mientras me duermo, pero en los últimos tiempos, una estrella, que brilla más que las demás me ha estado regalando un insomnio que no me permite dormir, pero si soñar. Siempre me acompañan a dormir esas luces borrosas del cielo.
No he escrito mucho, pero sin embargo podría seguir durante horas, ya que solo el vacio silente me acompaña en este claustro lejos de la luz, de tú luz… las palabras, a manera de cascadas fluyen inundándome de las tan necesitadas palabras que no surgieron en el momento de defenderme y en que solo acepte la condena.
Puede que esto no se entienda, sea ignorado, sea por demás aborrecido, o no sea nada. No importa, porque esta carta la escribo para todo aquel que le interese saber cómo es vivir en una celda condenado, por propia voluntad, a descansar en la penumbra marginal. Igual, en los ojos que se reflejen estas letras, si estuvieran los tuyos, ya sabría que valió la pena escribir una poesía con sabor a narración.
PD: No estoy atado a mi condena, en cualquier momento puedo salir, vivir a la luz del día, mientras respiro el aire fresco y siento el viento corretear a mi alrededor, puedo sentir la lluvia e iluminarme con la luz de los relámpagos tormentosos, puedo ir y abordar ese tren tan refinado, puedo quedarme dormido mientras disfruto las estrellas junto a ti.

miércoles, 18 de junio de 2008

El cielo trasnochado, estocástico y segundero tenía en su firmamento una inmensa bola de cristal, la luna, que con su macilenta luz afligía las calles del suburbano paisaje de aquel vulgar habitad de civilización. Poseía un color de oxidado plateado, se vanagloriaba de su gigante presentación, en el circuncidado cielo ameno de aquella trillada noche.
Las horas se perdían en la metropolitana inconsciencia, ya eran más de las que podría el ciudadano caminar en los aguados asfaltos, solo a estas horas se escuchan lejanos y arrepentidos murmullos, que se dispersan entre las calles, las grandes edificaciones, las casas comunes y los pequeños restos del verde post natural. Pero incluso entre los restos de una lejana promesa de progreso, se puede vivir, aunque sea un reto hacerlo, hay gente que lo hace. La ciudad no es fácil de escalar, mucho menos una de esta características, olvidada, retrasada, sucia, marginal…
Ni una nube obtura la luz de la luna y las estrellas, es una bella comparación el espacio exterior y la ciudad en la oscuridad. Lástima, que no solo en la primera hay meteoritos y demás cuerpos violentos dispuestos a colisionar contra los pequeños restos de vida que en el confín atemporal se camuflan.
Ciegos espejismos con forma de haz de luz se mueven por las calles azules, en su sonido sordo se esconde un sintético sentimiento a nada, si solo esas ruedas mudas pudieran hablar, las historias que podrían narrar, pues en sus venas de caucho la sangre ciudadana se derrama diariamente, como la pequeña anécdota rutinaria que hoy en su rugir sustancial me trajo, en forma de dióxido toxico como el propio humano.
En fin, en esta misántropa metrópolis hay muchas historias, pero ni siendo una maquina destinada a escribir día y noche, podría yo narrar las que suceden diariamente, solo puedo indizar unos hechos que transcurren en ese olvidado paraje que está a la vista de todos. Como el que comentare ahora.
Unas luces borrosas por la prisa se movían cíclicas por la calle, iluminando el camino de retorno de hacia la casa de Ella, entre miradas de reojo a la fachada de la calle, sus pensamientos se tranquilizaban, porque el viaje ya acababa, era lo que pensaba, mientras se fijaba el reloj, eran la una de la madrugada.
En el reino de la calle el silencio, es el Rey, y la soledad, la reina, solo a lo lejos se escuchaban esos suspiros metálicos de los autos andar, girar, frenar, ese corcel de metal y ruedas, que eructa nubes de lluvia mortal, siempre se escuchan correr como la BSO de un film de interminable secuencia. El asfalto formaba un dúo musical con los tacones, producían un sonido percusionista, minimalista en su forma de ser y dramático en su estética kitsch, la esencia de la música era el trémulo escalofrió que le producía a su dueña.
Era una joven de simple vida, no soñaba con sueños de imposible calibre, ni tampoco, perdió esa esperanza de poder vivir una vida diferente. Creció en ese barrio, donde compartió amistad y niñez. Todo lo que tenia se lo había ganado con ese barrio como escenario. Ella vivía en una zona marginal, en una ciudad olvidada, la cual solo es custodiada por la inmensa luna que hoy la iluminaba. Pero en su recuerdo todavía esta aquella niña que no vivió en la crisis que hoy la atormentaba, pero mientras esa niña crecía, el ambiente actual del cual tanto reniega fue creciendo, vio como se transformo en lo que es. De niña ese infierno no existía, la crisis todavía no se mostraba a sus ojos dormidos aun en la inocencia infantil. Pero fue la pobreza, el miedo, el desinterés por el progreso, fue por el camino difícil, fue por muchas cosas más, que hoy el barrio es como es, todo contribuyo a hacer lo que hoy es.
Miraba los edificios grises, derruidos y destruidos, caminaba mientras por sus ojos el reflejo de los bellos momentos que vivió en aquellos lugares, se reflejaba acompañado por el destino contingente que la deslumbraba cada día mas ¿Qué tan bajo puede caer este mundo?
Esos edificios, quizás en su niñez, habían sido comercios, donde se divertía, donde jugaba con sus amigas a la inocencia que tanto hacia falta en ese barrio marginal. Ahora el silente resguardo del olvido no la abrazaba, hace tiempo que sus recuerdos no se veían tan naturales y claros como hoy lo hacían.
Su caminar debió tomar un giro, en dirección directa a la luna, que gigante vigilaba sus pasos, como lo hacia todas las noches. Su marcha era rutinaria y pesada, como siempre. En La calle de asfalto la irregularidad del suelo se fue volviendo cada vez más extrema, hasta que la tierra tomo su poder, ahí comenzaba el camino de tierra, rodeado de oscuridad y miseria.
Desde niña le inculcaron pensamientos religiosos, basados en la fe y esperanza de que un día, aquel personaje tan heroico y místico volverá, salvando con este retorno a los fieles creyentes, que en su corazón le dieron un espacio. Lástima que la mayoría nunca pensó en utilizar ese pequeño espacio más que para tenerlo y ni siquiera profesar sus ideales. Pero la fuerza de la fe mueve montañas y mares, y hoy movía a una joven mujer que en su concepción de salvación solo se encuentra el poder salir de ese laberinto mísero en buenos principios.
Mientras cruzaba a por una esquina observaba con la mirada fija a la virgen que se encontraba en un pequeño altar, se pregunto a sí misma cuándo se equivoco, cuándo se abandono, cuándo dejo de creer y de crecer.
Faltaba poco, solo 2 cuadras para llegar a su casa, cuando un ruido que pretendía ser normal desafino en su nota usual, era un vehículo, que como el Golem moderno que es, iba chillando notas inentendibles, pero que al fin y al cabo hacían temblar la medula espinal de todo mortal que llegara a escucharlo. Su conducción era inestable, el vaivén del mismo resultaba en un espectáculo que varios ojos escondidos disfrutaron. Estaba segura que quien lo conducía estaba borracho, no se equivoco su conductor rebosaba de ese manjar tan vulgar llamado alcohol. Era algo normal que sucediese eso, pero incluso a la luna inmensa le sorprendió aquel suceso.
Acelero el paso, pero fue inútil, el auto giraba en su dirección, en la esquina de la virgen María.
El vehículo, oxidado, destruido y hecho mierda circulaba con la irregularidad de cualquier asesino sobre ruedas común. Iba bastante rápido para lo que cualquiera pensaría para tal basura. Ella debió de correrse bruscamente de la calle o la atropellaba. El auto continuo su marcha, pero no por mucho tramo, a la cuadra y medio freno y dio marcha atrás. En el auto iban dos hombres, los dos borrachos y salvajes como es de suponerse. Ella no se lo esperaba…
Los hombres con una mueca bestial emanaban un pestilente olor a alcohol, borrachos a más no poder, le empezaron a decirle, insinuarle y proponerle cosas en su estado más patético, pero ella estaba en desventaja, y lo único que podía hacer era ignorar lo imposible de ignorar, caminar más rápido, incluso correr. Pero no, ellos eran dos.
Cuando menos se lo espero, y en medio de la confusión producto de los nervios, le tiraron el auto encima, bajaron, la agarraron, ella gritaba, golpeaba, e intentaba soltarse. Ella no se lo esperaba. Los hombres la llevaron por el campo, la empujaron al suelo con una brutalidad característica de un animal bestial, la golpearon a patadas. Ella gritaba, pero nadie la escuchaba. La volvieron a levantar, mientras lloraba, por los pelos la arrastraron hasta uno de esos edificios abandonados. Y la violaron. Primero uno, luego el otro.
Los gritos, fueron difíciles de no oír, pero en esa zona la rutina era lo criminal, todos la oyeron suplicar, pero nadie se digno a ayudar, pues hoy era ella, pero mañana era aquel que hablara.
Mientras uno la tenia y golpeaba, el otro la violaba como un animal sediento de lujuria, los gemidos del placer enfermo inundaban el oscuro rincón donde la mujer suplicaba por su vida. Una vida que no había deseado, una vida que vio como la maltrato una y otra vez, y como en aquel instante, introducía en su cuerpo el repugnante esperma de un iracundo borracho.
Sufrió toda su vida, intento crecer, intento irse, pero el camino no la dejo, parece que los espejismos de aquel desierto la desorientaron, y la mandaron en vez de al oasis deseado, a un infierno peor que la muerte, donde los demonios la torturan un instante que dura que por siempre, y donde los demonios no son más que hombres que algún momento fueron humanos.
Sus sueños de niña, terminaban aquella madrugada, su esperanza y fe también. Su vida acababa entre semen, transpiración y orina.
Al terminar su mefistofélica labor los hombres se fueron, como si se tratase solamente de una mísera caricia en el cuerpo de las putas que comúnmente consumían. Ella quedo tiesa mirando el cielo, la luna gigante e inmensa la iluminaba, intentaba tal vez llegar a dar esa luz llamada vida que le arrebataron aquellos hombres. Entre sus ropas rotas y sucias que se encontraban alrededor había un aire sabor a muerte, su mirada fija estaba enfocada en lo difícil que le fue crecer en ese barrio, y hoy le tocaba sentir lo animal de lo civilizado, le tocaba arrastrarse una vez más entre su complicada vida. Siempre sufrió, siempre le toco lo peor, es el problema de haber nacido en el lugar equivocado…
La inmensa luna se retiro en un cielo enmarañado de nebulosas que velaban aquel joven cuerpo que yacía muerto en un suelo roto, olvidado, perdido, miserable, muerto, desdichado, marginado, infeliz.
La pobre alma de aquella joven se despedía, su deseo de irse de ese lugar, tal vez ya había sido cumplido.

sábado, 31 de mayo de 2008

Viaje A Una Mirada Vacía

Venia del cementerio con unas lagrimas secas en mi mejilla, ascendí al colectivo, nada raro había en ello, era un habito común que todos los días hacia. Puse las monedas en la maquina, saque el boleto, tome el vuelto y me dirigí hacia el fondo. Y como dije anteriormente nada raro había en ello, si no fuese porque esta vez estaban esos ojos…

Perplejo quede ante tal muestra de sentimientos, esos ojos estaban cargados de una imagen penosa, de decaimiento, de pesadumbre, de tristeza, de dolor, esos ojos me dejaron asombrado, confundido y mi viaje quedo desafinado de su rutina común.

 Llevaba en sus manos, por irónico y ridículo que quede, un oso de peluche blanco, lo aferraba como la niña que en algún momento fue, y que ahora desapareció. De lo poco que recuerdo de la ropa sé que era blanca y con flores de azulado matiz.

Estaba sentada en un asiento para uno solo, era el anteúltimo, yo me senté en el último, ella siguió viendo la nada que se reflejaba en el vidrio de la ventana.

Me era extraño, siempre que la veía, ella tenía esa mirada tan susceptible y tan cargada de sentimientos. Sé que sufría, se que algo la lastimaba, tal vez su vida fuese un calvario, una atrición.

No sé si ella siquiera sabrá lo que en mi despertó, igual, convengamos que mucho no me interesa. Era un día soleado y despejado de verano, pero como en esas tormentas de estío, los nubarrones de negra aflicción aparecieron en el horizonte de manera espontanea, y desencadenaron una tempestad de melancolía que atesto aquel colectivo.

El viaje fue corto, y sin distracción, mi atención estaba fija en aquella mujer.

Cuando se levanto para descender del vehículo, lo vi en sus ojos, las lagrimas de una vida no deseada, llena de defraudaciones, sufrimientos, trastornos, complejas ataduras, unos ojos oscuros llenos de pena e infelicidad, la angustia era lo que emanaba en forma de aura esos ojos vacios.

Cuando bajamos, (yo vivo en el mismo barrio que ella), el silencio se vio camuflado por el andar de los autos, intento no chocar una vista conmigo, pero no pudo, mis ojos curiosos intentaron sacarle una palabra, en vano.

Sé que su vida es dura, sé que me lleva varios años, que nunca me llamo la atención, y que al fin y al cabo me produce cierto asco, hay algo en ella que siempre me impacto, y son esos ojos tan expresivos que me parten el alma, porque detrás de esa mirada penosa hay una historia, una triste y melancólica vida.

Llego hasta su casa e ingreso sin ver para atrás, cerró esa puerta oxidada con fuerza, y yo me quede pensando mientras giraba por la esquina hacia mi casa.

Desde aquel día, hace ya más de un año, quizá dos, sinceramente no lo sé, la he visto muy poco y siempre con la misma mirada, no sé nada de ella, nada, tal vez yo esté equivocado y no sea una mujer triste, sino todo lo contrario, tal vez le gusta su vida, tal vez no reniega con la misma, tal vez se divierte sobradamente, tal vez si sé bastante de ella… o por lo menos lo necesario, porque al fin y al cabo solo sé que cobra $40 la hora.

sábado, 24 de mayo de 2008

Oda A Tu Belleza




Entre los cipreses y arboles de la lejana
Arboleda campirana
Un susurro se hace eco
 Rompiendo la puerta del silencio
El viento me ha contado,
Y el rumor se ha esparcido,
De que, él me ha dicho,
Que entre sus manos ha tenido
Un cabello apacible, castaño y azucarado
Que ha sentido un cuerpo caprichoso
De fisonomía inocente,
Que Ha visto la belleza, coqueta y tierna
De una niña de delicadas manos
Y rostro floreado.
Él me ha dicho
Que entre sus labios, sensibles y frágiles,
Como una rosa de cristal,
Él no ha podido pasar
Un suspiro suyo le hizo el rumbo cambiar
Y no ha podido besar tan finos labios al pasar
Es una joven de nombre repetido en mi mente
Yo también he caído ante la trampa de su preciosidad,
Una tristeza virgen.
De sonrisa acuarelada
Y al igual el viento me resguardo
Entre los árboles y escondido disfruto
Al verte con una sonrisa de celeste matinal.
Joven de belleza divina,
a tu belleza es esta poesía.

martes, 29 de abril de 2008

Nadie


Unas hojas caían en ese otoño imprevisto, el mar golpeaba taciturno las costas de esa mañana nublada, a la lejanía el oscuro cielo premeditaba una tormenta. No había gente, no había ruido, más que el inapreciable rugir del viento que surcaba por los arboles, pinos y palmeras del lugar. No había nadie. Ningún animal exclamaba algo. El silencio había tomado el poder de aquella mañana de otoño. Nadie más que ella apreciaba las mefistofélicas aguas agitadas por el viento.
 us pasos no se oían, sus murmullos se perdían en la brisa matutina, unas lágrimas se confundían con las pequeñas gotas de lluvia que imperceptibles caían en forma de llovizna. Nadie la veía, nadie la entendía, nadie la ayudaría.
 u largo vestido opaco de tanto dolor, no parecía discrepar con el destino que ella se quería crear. Sus cabellos, ellos sí pedían ayuda por eso mismo, a manera de huelga revoloteaban y la no dejaban ver el mar.
 us pies tocaron la arena helada, dio un último suspiro, como si intentando con este hacer que alguien la escuche, que alguien la entienda, que alguien la ayude, era un grito de los más fuertes, su ultimo pedido de ayuda.
 l mar la esperaba con una mueca diabólica, esté intentaba no hacerla dudar en su decisión, la tentación tenía que cumplirse.
 us pies pálidos tocaron el agua, el mar no había esperado, ya había lanzado sus garras. Camino la joven por ese sendero mas enmarañado que la peor de las selvas. Diría mientras veía la ciudad vacilante, un último adiós con una sonrisa infantil, se despedía.
Nadie la vio, nadie se entero, nadie lo sintió, nadie sufrió, todo siguió igual.

domingo, 6 de abril de 2008


He disfrutado tanto el silencio que me he olvidado como se debe de hablar.

miércoles, 2 de abril de 2008

Miro por la ventana el mundo gris monótono parecía no haberse tocado, como si no hubiese sucedido nada. Como un flash que no brillo, su actuación parecía no haber servido. El silencio del ruido producido por esas miles de almas caminantes de un mundo aturdido, eran sordos al no poder escuchar su grito. Había intentado hablar pero no pudo, gritos fue lo único que se oyó, pero la pintura estaba seca ya, no se movió ni lo más mínimo. Pero siguió pidiendo auxilio, ayuda para no cometer un error, lo siguió gritando, incluso luego de haber cometido el error. Pero a ese mundo no le importo, ni lo más mínimo.
Todos los recuerdos volvieron, tal vez para darle la despedida, o para ocultar que lo que estaba viendo por la ventana, cada vez se iba haciendo más borroso, menos nítido y esos colores tenían cada vez menos saturación, se volvían grises brillosos y morían en un negro final. El mundo seguía igual

jueves, 20 de marzo de 2008

Cuando




Cuando el amor no es mutuo.
Cuando esas garras de la depresión se aferran a ti.
Cuando tus socorros no son escuchados.
Cuando una gota del cielo te ahoga.
Cuando sufres por sufrir.
Cuando no hay respuesta más que la huida.
Cuando un camino de simple consistencia se vuelve fatigado.
Cuando el mañana parece que no vendrá.
Cuando en unas risas se oculta un vacio.
Cuando soltar la mano parece imposible.
Cuando el peso no permite levantar las alas y volar.
Cuando el solitario frio queme más que una eternidad en el desierto.
Cuando me canse de escribir.
Cuando me vea en el espejo y no vea nadie.
Cuando de mi no se libera ningún haz de esperanza.
Recordare la palabra que nunca me dijiste,
Adiós…
Y la diré.


lunes, 17 de marzo de 2008

Demasiado Tarde

Cuando el filo de la cuchilla ya saboreo el gusto de la sangre que corre por las venas,
Ya es demasiado tarde.
Cuando los pies tocan el aire y la caída ya inicia vuelo,
Ya es demasiado tarde.
Cuando el metal hirviendo golpea las neuronas con un frio helado,
Ya es demasiado tarde.
Cuando la soga abraza el cuello con un goce casi orgásmico,
Ya es demasiado tarde.
Cuando la vista se nubla y el cuerpo sucumbe ante la esencia de la devoción,
Ya es demasiado tarde.
Cuando el agua arremete sus manos en los pulmones turbios,
Ya es demasiado tarde.
Cuando el tren te lleve de viaje a tu próxima estación y no hay retorno,
Ya es demasiado tarde.
Cuando concluya estas palabras
Respóndeme, por favor,
Ya sera demasiado tarde?





viernes, 14 de marzo de 2008



Hay un gran precipicio que me divide de vos.
Hay un ramo de rosas que no puedo regalar
¿Unas carisias y sonrisas de más?
O un amor que no se puede dar?

Sollozos que se nublan entre miradas de vapor
que se esfuman a la par del silencio
y se carcomen mi mente por amor.
Esas aguas espesas del olvido
me están diciendo bienvenido?

Es que no me has invitado a tu mente.
Yo no te he invitado
pero en ella vives diariamente.

Puedo llegar a ser la tristeza y el silencio,
pero amarte es mi consuelo
No necesito palabras que enmarcar.
Me tienes tirado en el suelo
sufriendo para amar.
-No necesito palabras-
Decírtelas con el corazón,
esa voz que saldrá, esa será mi voz.

Como el viento que me refugia en su canción
tus ojos me regalan la inspiración
para escribirte aunque nunca lo leyeses
y siquiera lo vieses
a estos pétalos de poesía
que tienen como correspondiente
tu dulce ser evanescente.






viernes, 7 de marzo de 2008

Tonos De Vida. Maletín Multicolor.



Un viento golpea la arena roja, la cual baila como sutil bailarina que se levanta al compás del sonido. Lástima que generalmente nadie lo ve, el desierto es así, un espectáculo natural solo apreciado por el cielo, pero hoy es diferente. Lo minimalista del paisaje hoy se ve visitado por una figura borrosa que se desliza por las dunas milenarias. Una figura negra, que no se nota quien es, pero que si se ve lo que en su mano lleva, un maletín. Negro como la noche, negro como la muerte.
El destino de esa persona se desconoce, o mejor dicho el camino hacia el destino es lo que se desconoce, pues todos tenemos el mismo destino, y hoy esa figura acuarelada con un maletín en su mano, llega a ese destino, la muerte.
El maletín negro, de contenido no sabido lo acompaño toda su vida, pero antes de ser negro fue azul. Y antes de llegar al desierto para morir, vivía en un país, del cual tuvo que escapar, con el ideal de no cambiar su forma de pensar y de actuar, por cada golpe de estado que en su árido país sucediese.
Una libertad encontró en correr hasta la frontera y traspasar los límites de la opresión.
Y aunque no fue el único que intento hacerlo, fue el único que lo logro superar.
Sus compañeros, camaradas y amigos murieron, su único acompañante fue su maletín color verde como las plantas que en libertad florecen.
Antes de tomar la decisión marcharse él tuvo que soportar muchas cosas. Tenía una ideología que discrepaba con la de los gobiernos de turno. Y sin embargo pudo luchar, al unirse a un grupo que compartía sus ideales.
Su maletín entonces era color rojo, como la sangre que necesito perder y tuvo que ver caer para defender la igualdad y los derechos que tanto anhelaba. Era rojo como su espíritu de lucha.
Él sabía que su lugar era ese, después de tanta búsqueda, supo, por fin, que su compromiso estaba ahí.
Quizás ese espíritu de lucha lo obtuvo en su juventud, donde lo solitario de su mentalidad y su contacto con la muerte formaron esa alma de lucha. Pero su sentimiento de cambio era opacado por la realidad. Querer cambiar y no poder por ser una sola persona.
En ese momento su alma era blanca, igual que el maletín que en sus manos llevaba, era así por lo inmaculado y lo solitario de su alma.
Pero es irónico pensar que en l mismo desierto que hoy muere esta persona, tiempo atrás moría su madre, ¿mucha casualidad? Tal vez.
Y posiblemente su formación ética se vio influenciada por su niñez, y su venida a la vida, en el mismo desierto, en el medio de la nada. Su madre lo cuido, pero lo inmenso del desierto es pequeño frente al alcance de la muerte. Pero igual su madre le dejo un recuerdo suyo, un maletín. Pero este era marrón, como la arcilla en que dios moldea la vida, y como la tierra fértil en la cual crecerán arboles de corteza épica.
Es así esta historia, la de una persona que lucho toda su vida, poseyendo en sus manos un maletín y en ningún momento le molesto. Y la pregunta es ¿Qué oculta ese maletín en su interior? Pues, quizá, en su interior el maletín lleva la vida. Y cada cual tiene su propio maletín, de dinámica tonalidad, que cambia según la ocasión, y que se pinta del color que se viva.





martes, 12 de febrero de 2008

Una Nueva Puerta


“Adiós, adiós mundo” decía ella. Era una frase que antes habían significado lágrimas, pero hoy no. Estaba segura de lo que hacía, segura de lo que decía, Mientras entraba al edificio, que según ella la vería deambular en el aire hasta caer y morir. Se dirigió al ascensor, pero no subió al mismo, pues pensó que lo mejor sería subir por las escaleras.

Subió mientras veía por las ventanas la ciudad, una hermosa ciudad, que por mucho tiempo fue su sueño, su pequeño anhelo, pero que cuando al fin pudo mudarse paso a ser su gran pesadilla. Le era difícil pensar que una ciudad tan bella por fuera, sea tan solitaria por dentro. Los días en el último año solo eran suplicas a un desconocido, en la cuales pedía compañía, se sentía muy sola, nadie hablaba con ella, su trabajo era un mecánico sistema de rutinas en las cuales las relaciones no existían. Siempre fue así, siempre apartada de la realidad, mientras soñaba su ilusión y tejía el dolor. Soñaba con su príncipe azul…

Llego hasta la azotea, el viento rumiante golpeaba y abatía su ropa y su cabello. Se esforzó por no pensar en no hacerlo, pero no pudo. Cayó en una crisis mental, las lágrimas y los llantos se mezclaban, a modo de popurrí con los recuerdos más preciados, que no eran más que un producto de su imaginación, pero era lo que la mantenía viva. El tiempo pasó y se tranquilizo, pensó en lo malo, en todo lo abominable, en conclusión pensó en su vida.

Se pudo levantar, tomó aire y se dirigió, hacia la orilla, miro hacia abajo y una sonrisa se le dibujo en la cara. “sí, este será el final, no tengo nada que perder” se dijo. El viento paro de repente, como a la espera de lo que sucederá. Primero levanto una pierna, y luego la otra, se abrió de brazos, y en ese instante el viento volvió a la cabalgata, fuerte y frio hicieron girar su cabeza, y para su sorpresa no era la única, no muy lejos de allí había otra mujer, con la vista perdida en el horizonte, quizá en el mar.

No le importo que haya otra persona, ella estaba decidirá, lo iba a hacer. Pero no pudo, no podía apartar la vista en aquella persona que ni siquiera la había notado. Había algo en ella que no la dejaba pensar en otra cosa, ni siquiera en su suicidio. Entonces, se sentó en el borde, y se quedo mirando hacia el horizonte, pensativa. Y sin darse cuenta, cayó en un sueño.

La luz de un nuevo día la despertó, rápido se levanto para ver si aquella mujer que estaba la noche anterior seguía estando. No estaba. Se dirigió hacia su departamento, cansada de su patética actuación frente a su posible salida. Lloro durante largas horas, mirando el techo que parecía asfixiarle. Le dolía estar tan sola, ella no era hermosa, pero tampoco fea, pero igual nunca pudo encontrar un amor al menos, eso siempre le dolió, sentía que había perdido gran parte de su vida soñando despierta, olvidándose vivir. Su sueño era recurrente, era estar con su amor, con su príncipe azul…

La noche siguiente nuevamente lo intento, pero de igual manera fallo. Se acerco a la orilla y miro, como la gente feliz caminaba, como la gente se amaba, como la gente la ignoraba. Las lagrimas, cataratas en su rostro formaron.

Se fue sin darse cuenta que no estaba sola, alguien la observaba, Alguien se preguntaba ¿alguien intentará ayudarla?

Los días fueron pasando, y ella no podía dejarse llevar por la muerte. Fue cuando subiendo la escaleras se encontró con aquella mujer que estaba pensando en la terraza, su rostro era una mezcla de confusión, de sorpresa, y de extrañamiento. No se le cruzo por la mente saludarla, pues estaba harta de las personas. Pero esta mujer tenía algo que le llamaba la atención, antes ya la había visto, y siempre le resulto cautivadoramente rara. Aparto la mirada, pero no pudo sus ojos se movieron solos, y presenciaron el saludo que pronuncio con una sonrisa la mujer. Ella no hizo nada, ni devolver el saludo. Se sentía en verdad incomprensible, y se largo a correr hasta su departamento. Pensó que era una metiche, pero en el fondo sabía que no era así. Sabia lo sentía de verdad.

Y de hecho su vecina, se encontraba de igual manera que ella, en un estado de depresión y soledad mortal. Había intentado, también, suicidarse de muchas formas pero no pudo. Siempre algo la limitaba a seguir viva. Y esta vez era aquella mujer que veía todos los días, la quería ayudar, sabía lo que le pasaba, lo veía en su rostro, veía la máscara de la depresión. Sabía que podía ayudarla.

La vida de esta había transcurrido de igual manera, unas pocas palabras de amor en su vida, unas mentiras que lastimaron su humilde corazón. Eso era lo que las diferenciaba, una se había sentido amada muchas veces, y la otra nunca. Eran tan parecidas y tan distante que incluso en una sola vista sus recuerdos y vivencias habían sido trasmitidas.

Pero pasada la medianoche, la joven que había intentado suicidarse arrojándose, se dirigió, en un momento de crisis y nervios, a la azotea Su camino era la muerte, esta vez sí lo haría, se acerco a la orilla y justo cuando iba a hacerlo, una voz la detuvo, era una voz que como una ventisca la dejó totalmente fría. La había oído antes, era aquella mujer que la había saludado anteriormente. El silencio ayudo al ambiente frio y cada segundo parecía una eternidad.

Pero compartieron unas palabras, que rompieron el aisber en que frotaban, pero que no acompañaron sus latidos.

Casi al extremo del laberinto de lo chocante, sus ojos volvieron a juntarse de manera subconsciente, ese estremecimiento que sentían, se volvió más fuerte, y unas lágrimas sincronizadas por ambas recorrieron sus mejillas. Sabían por primera vez lo que les pasaba, se acercaron unos pasos más. Sus ojos parecían olvidar el tiempo, ya que no dejaban de verse, no se cerraban y no se movían, tal vez sentían el miedo, al igual de sus poseedoras, de perder aquel momento.

Y en el silencio se unieron y lloraron, por primera vez, se sentían consoladas por sus penas, por primera vez sintieron la cálida caricia del amor. Comprendieron lo que es amar.

Eran mujeres, que sufrieron por amor, eran mujeres que, incluso aprisionadas en la depresión, siguieron buscándolo. Pero se vieron resignadas a la soledad de una cama vacía, porque no había hombre que le sedujese el corazón, que le robe una emoción, y que la hagan sentir viva. No había príncipe azul.

Se olvidaron del dolor, de la muerte, de la gente, pero no de que eran mujeres, de que se amaron a primera vista, y de que de que su príncipe tan buscado, no era más que la mujer que tenían en sus brazos. Lloraron largamente. No eran sollozos de pena, eran de felicidad.

Pese a que su preconcepto de amor involucraba sexos opuestos, ellas no les importo besarse, acariciarse y amarse. Nunca pensaron que ese sentimiento tan extraño se encontraría en su misma vereda, nunca pensaron que harían el amor en una azotea, nunca pensaron que su antidepresivo era una mujer.

La mañana llego, y el sol las despertó en una cama, abrazadas una a la otra, con una sonrisa en sus rostros. Sabían lo que la otra pensaba, no había palabra que podría expresarlo mejor que sus rostros. Era amor de verdad. Y sus ojos lo decían todo, vivirían para siempre juntas, vivirían la posteridad en sus apasionados corazones.

Se levantaron, y salieron, caminaron agarraras de las manos, la gente las veía, a ellas no les importaba, su mundo era su amor. Se dirigieron a la azotea, donde pocas horas atrás habían caído en el romance sin siquiera decir una palabra. Y así fue que tampoco en ese momento necesitaron palabras ya que se vieron una a la otra. Se besaron. Se dijeron adiós. Se agarraron de la mano y se precipitaron como la lluvia hacia el vacio. No soltaron sus manos en ningún momento.

Juntas abrieron una puerta que se encontraba cerrada por un candado de prejuicios, y bloqueada por una barrera de depresión. Juntas abrieron la puerta del amor.

lunes, 4 de febrero de 2008

Retorno Al Pasado


Unas luces indicaban el camino hacia su casa, el viaje ya acababa, pensaba, mientras se fijaba la hora, eran las once de la noche. En la calle reinaba el silencio, solo a lo lejos se escuchaban autos andar, girar y frenar. Ella vivía en una zona marginal, pese a no serlo, ella vio crecer ese ambiente, vio como se transformo en lo que es. La crisis, la pobreza, el miedo, todo contribuyo a hacer el barrio.
Al tanto que caminaba, miraba los edificios que alguna vez, quizás en su niñez, habían sido comercios, donde se divertía, donde jugaba, con sus amigas, jugaban a la inocencia que tanto hacia falta en ese barrio.
Giró por una cuadra, siguiendo su paso, el camino de asfalto se perdía, e ingresaba a el camino de tierra, rodeado de oscuridad. Mirando a la virgen que se encontraba en una esquina, se pregunto a sí misma como había llegado a donde estaba, donde se equivoco, donde dejo de crecer.
Ya faltaban dos cuadras para su casa, cuando un ruido a lo lejos se escucho, era un auto a gran velocidad, y de conducción inestable. Estaba segura que el que lo conducía estaba borracho. No se equivoco. Apuro el paso. Pero inútil fue, pues el auto giraba en esa esquina.
Tuvo que correrse bruscamente o la atropellaba, el auto estaba hecho mierda, siguió su paso una cuadra más. Freno. Dio marcha para atrás. En el auto iban dos hombres. Ella no se lo esperaba.
Los hombres, borrachos a más no poder, le empezaron a decirle, insinuarle y proponerle cosas, ella solo podía caminar más rápido, incluso correr. Pero no, ellos eran dos.
Cuando menos se lo espero, le tiraron el auto encima, bajaron, la agarraron, ella gritaba, golpeaba, e intentaba soltarse. Ella no se lo esperaba. Los hombres la llevaron por el campo, la empujaron al suelo con una brutalidad característica de un animal, la golpearon a patadas. Ella gritaba, pero nadie la escuchaba. La volvieron a levantar, mientras lloraba, por los pelos la arrastraron hasta uno de esos edificios abandonados. Y la violaron. Primero uno, luego el otro.
Los gritos, fueron difíciles de no oír, pero en esa zona la rutina era lo criminal, todos la oyeron suplicar, pero nadie se digno a ayudar.
Mientras uno la tenia y golpeaba, el otro la violaba como un animal sediento de lujuria, los gemidos del placer enfermo inundaban el oscuro rincón donde la mujer suplicaba por su vida.
Una vida que no había deseado, una vida que vio como la maltrato una y otra vez, y como en aquel instante, introducía en su cuerpo el repugnante esperma de un iracundo borracho. Sufrió toda su vida, intento crecer, intento irse, pero el camino no la dejo.
Sus sueños de niña, terminaban aquella madrugada. Su esperanza de vida acababa entre semen, transpiración y orina.
Al acabar los hombres se fueron, ella quedo tiesa mirando el cielo, sus ropas rotas y sucias se encontraban alrededor, su mirada fija estaba enfocada en lo difícil que le fue crecer en ese barrio, donde hacía años atrás ya había probado lo brutal del hombre, lo animal de lo civilizado, pues ya había sido violada.
Y la mañana llego, ella se encontraba bañada de roció, pero no estaba tiesa por lo shockeadao del momento. Estaba tiesa y fría por la muerte que la había visitado.

sábado, 2 de febrero de 2008

Luz De Una Mañana.


PUBLICADO EN http://www.fotolog.com/s013 (mi fotolog)



Y un día el sol lo despertó, mientras los pájaros cantaban una intrínseca tonada de amor en el árbol que daba a su ventana. Se levanto con silencio en la cara, se pregunto si es que la amaba (como lo había hecho en los últimos tiempos), pero hoy alguien le respondió, le dijo al oído que sí. No era más que el viento que choco con las cortinas, pero igual él creyó en esa palabra, tomándola como cierta, por fin se pudo sentir feliz, mirando la luz del alba cruzar su ventana, se acerco mas, vio que la luz se oculto, como el amor que alguna vez sintió, los pájaros cantantes del árbol de en frente cambiaron su música de felicidad por la tristeza. El día soleado que se avecinaba, no era más que un espejismo, una densa ilusión que lo había mantenido feliz, una mentira. Se dio cuenta que esas palabras de afirmación eran un malentendido, se dio cuenta que no eran más que parte de su delirio.
Los pájaros se fueron, el viento frio inundo su habitación, el árbol retumbaba en su posición, y el sol nunca apareció. No fue como aquella mañana en que se dio cuenta que la amaba, no fue como aquella mañana en que le dijo que la amaba, sino fue como aquella mañana en que por amor la asesinaba.
Si como aquella mañana de verano, que en sus manos las risas se transformaron en sufrimiento, como hoy la luz del sol, se transforma en la oscuridad de un lamento. Un simple suicidio.

martes, 29 de enero de 2008

Aperitivo de guerra




Candente es el sepulcro que intenta velar la adicción
En la frontera de la magra ambición de partir
Fue perder la razón ante los ecos de ajenación
Resistir tras las brechas, imposible me dijo ayer.

Pesebres frente al rey
Enseguecentes catacumbas que incitan a apelar el fin
Es el triunfo de masa hostil.

La sangre que le quita la sed
No es más que la ambrosia de latir en re
Títeres que luchan de pie
No verán la verdad de perder.

Como hormigas solo se guían
Por un camino recto, que no implica
Sus sentimientos bombardeados
Mientras esperan encinta.
Toda muerte no explica
Ni argumenta la razón de la guerra
Solo ahuyentan el valor que se inyectan.

Unas campanas que marcan su cielo
No es su paraíso, un mortero
Es el final del adulterio
Que se lleva entre la guerra y el hombre
Engañando a la paz
Dejándola atrás
Olvidada.
Ella morirá.


viernes, 25 de enero de 2008



Ven labios de seda espuma.
Besar.
Ven naufraga de mi piel, ternura.
Acariciar.
Tu sonrisa pronto se inundara. Placer.
Si esperas el diluvio, pronto llegara
Bañarte en el fruto, secarte en los brazos.
Negarme tus labios para besar,
Concederme mis deseos.
Disfrutar.
Eufemismo de amar,
Probar mi alma.
Acabar.
Deseándolo de nuevo
Que me beses en mi cuerpo.



miércoles, 23 de enero de 2008

Luz

En la luz del sol.
En la luz de la luna.
Disuelve mis penas
con tu ardiente licor

Hasta éxtasis sentir,
hurtar a la luna
sus preciadas estrellas
Y entregarte
toda su belleza.

Y si la cena no se lleva
a la luz
mas en la oscuridad
de nuestra mentes
desear tu vientre
en las sabanas
esperar al sol
y amarte
en el fugaz haz de luz,
besarte.

martes, 22 de enero de 2008

Teatro

Cada cual actúa su obra,
el destino ya está en sus libretos.
Cada cual elige su disfraz,
el arte de ocultar la realidad.
Cada cual escribe
su vida,
vivir su verdad.

sábado, 19 de enero de 2008

Las prioridades de la vida

Aquí va un texto que leí la otra vez me parece muy interesante y muy reflexivo.

Cuando las cosas en la vida parecen demasiado difíciles, cuando 24 horas al día no son suficientes, recuerda esta historia...

Un profesor delante de su clase de filosofía sin decir palabra, tomó un frasco grande y vacío de boca ancha, y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Luego le preguntó a sus estudiantes si el frasco estaba lleno.

Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. Así que el profesor tomó una caja llena de canicas y la vació dentro del frasco. Las canicas llenaron los espacios vacíos entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntarle a los estudiantes si el frasco estaba lleno y ellos volvieron a decir que sí. Luego el profesor tomó una caja con arena y la vació dentro del frasco.

Por supuesto, la arena llenó los espacios vacíos y el profesor preguntó nuevamente si el frasco estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes respondieron con un ¡sí! unánime.

El profesor enseguida agregó 2 tazas de café al contenido del frasco y efectivamente llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían en esta ocasión. Cuando la risa se apagaba, el profesor dijo:

“Quiero que se den cuenta que este frasco representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes, como la familia, los hijos, la salud, los amigos... las cosas que te apasionan. Son cosas que aún si todo lo demás lo perdiéramos y sólo éstas quedaran, nuestras vidas aún estarían llenas”.

“Las canicas son las otras cosas que importan, como el trabajo, la casa, el auto, etc. La arena es todo lo demás, las pequeñas cosas. Si ponemos la arena en el frasco primero, no habrá espacio para las canicas ni para las pelotas de golf”. “Lo mismo ocurre con la vida. Si gastamos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, nunca tendremos lugar para las cosas realmente importantes”.

Presta atención a las cosas que son cruciales para tu felicidad. Juega con tus hijos, tómate tiempo para asistir al doctor, ve con tu pareja a cenar, practica tu deporte o afición favorita. Siempre habrá tiempo para limpiar la casa y reparar la llave del agua después. Ocúpate de las pelotas de golf primero, de las cosas que realmente importan. Establece tus prioridades, el resto es sólo arena.

Uno de los estudiantes levantó la mano y preguntó que representaba el café.
El profesor sonrió y dijo:
“¡Qué bueno que lo preguntas”!
Sólo es para demostrarles que no importa cuán ocupada tu vida pueda parecer, siempre hay lugar para un par de tazas de café con un amigo”.

martes, 15 de enero de 2008


El olor a humedad me avisa de tu huida,
una mariposa de sol te mutila.
Mientras tus labios saborean la lluvia,
frágiles destellos de una lucha vencida.
Me pregunto
Si es la lluvia mi único amor de verdad?
Es acaso tu afecto una vaga bruma de necesidad,
una obligación sin más fin que sobrevivir
O será que eres la lluvia que tanto añore,
la tempestad que tanto necesite.


Tormenta golpeas mi frente mientras escucho mis suplicas
desdichado mundo de tiesos hondos orificios
los colores forman un destello de cielo en su frente
un mundo donde la bruma no me permite ver más que mi mano
el reflejo de la idiosincrasia de un fenómeno de vapor
el ozono que me marca que oler
las luces que brillan, artificios de colores y sonido
austeras ráfagas de cólera cabalgan en la tormenta de una noche sin vida
antiguo amor mío
tormento de amor, lluvia sin emoción.

jueves, 10 de enero de 2008

Grotesco

miércoles, 9 de enero de 2008


...Brillar como trueno, llorar como la lluvia...

jueves, 3 de enero de 2008


"Tengo una obsesión que se llama dolor, pero también un sueño llamado amor"

Ahogo!

Un barco flota en el mar y se va a hundir,
caracolas cantan canciones imitando al mar.
Rezar es lo único que queda para no sucumbir
a un último roció de vida con gusto a sal.

Existen lapidas para los muertos en el agua?
Un muy concurrido final
morir en altamar?
Las sombras de las olas me dan una señal,
un triste destino para amar.

Las olas que golpean las rocas
me llevan hasta un remolino.
¿Me veré una vez más entre sus ropas?
O caeré preso del destino?

Pensar que solo fue un alivio.
Dos personas que nadan juntas se hundirán,
esperando el beso tibio
que aparte la hipotermia, que los salvara

Me ahogo en un espeso líquido.
Es mar lo que tu cuentas.
Pese a estar en un desierto,
he abierto las puertas
de lo incierto.

Me ahogo, me hundo, en un mar de calamidades,
mi cuerpo pesa, no floto,
estoy muriendo en el mar de ciudades
ignorado por el amor devoto
atrapado por las frivolidades
me muero hoy ahogado,
inundado, por amor sepultado.

En el fondo, el mar es callado.


miércoles, 2 de enero de 2008


"Su voz me recuerda el desgarrado abrigo del amor..."